EL LUJO DE ESTAR CONFINADO EN EL CAMPO


La agricultura es una práctica que mezcla arte y ciencia. Quienes tienen el privilegio de poder vivir en y del campo, disfrutan de lo excepcional: la naturaleza.


Hasta los años 60 España era un país agrario, pero, la generación de relevo prefirió la vida urbana a fin de forjarse un futuro próspero, ocasionando el éxodo campesino y, con ello, la despoblación rural, ¡ah¡ y, evidentemente, la fuga de cerebros (segmento de la población con estudios que se va a trabajar al extranjero).


Aquella generación fue a la ciudad y, casi sin estudios, trabajó en empresas, compró viviendas y mantuvo un bienestar sostenible. La siguiente generación estudió una y hasta dos carreras y uno y hasta dos posgrados, pero en cuanto al empleo y a la vivienda aún no ha alcanzado ese bienestar sostenible. Demás está traer a colación la crisis hipotecaria o de alquiler de viviendas, sin mencionar el desempleo...


Mientras tanto, en la España vacía, tener algo de terreno, el rubro óptimo y un subsidio adecuado otorgan al agropecuario cierta estabilidad para poder vivir gracias a explotar tierras y/o animales, pero no todos ven esta ventaja como algo ideal, salvo los jornaleros provenientes del extranjero, aunque con el confinamiento global, causado por el COVID-19, quizá algo cambie.


En referencia a esto, desde hace varios años, en España, se ha venido fraguando un plan de rescate de los pueblos. El proyecto de repoblación rural que ponga fin al colapso de las grandes ciudades y solucione los problemas vitales de vivienda y trabajo, pretende la estandarización de servicios básicos, ofreciendo subsidios para quienes quieran trabajar y vivir en el campo.